jueves 7 de mayo de 2009

Programa 0: Especial del 1ero de Mayo

1er bloque

• Manifiesto:

Los grandes medios de comunicación, respaldados por grupos económicos, nos bombardean con información a tal velocidad que no podemos razonarla o criticarla. Buscan modificar actitudes, imponer pautas de conducta, de ideas y de valores, venden formas de vida, simulaciones e imágenes de consumo; nos venden identificaciones inconscientes, nos invaden.
Para frenar esta invasión reclamamos nuevas formas de comunicar, nuevas formas de interpretar, y proponemos empezar aquí y ahora, en nuestro barrio, nuestro pequeño frente, nuestra barrikada…

• Cortina de Apertura:
A las Barricadas – Los muertos de Cristo

• Presentación de Barrikada – Programa especial 0: 1ero de Mayo.

Introducción


El 1ero de Mayo es un día marcado por una historia, una tradición de lucha que arrancó en mayo de 1886 allá en Chicago, cuando un grupo de trabajadores organizó una movilización popular en reclamo de la jornada de ocho horas en una época en que lo “natural” era trabajar entre 12 y 16 horas por día. Pasaron 120 años de aquellos crímenes de Chicago y pasó mucha agua y mucha sangre bajo el puente. Los obreros de todo el mundo eligieron el primero de mayo como jornada de lucha, de recuerdo de sus compañeros y de lucha por sus derechos, de ratificación de su condición de ciudadanos libres, con plenos derechos, según decían las propias constituciones burguesas que regían la mayoría de los Estados modernos

Historia

Los hechos que dieron lugar a esta celebración están contextualizados a principios de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE.UU.
Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a inmigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

La reivindicación de la jornada laboral de 8 horas

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de 8 horas. El hacer valer la máxima: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa». En 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, salvo caso de necesidad.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la Federación Estadounidense del Trabajo, inicialmente socialista (algunas fuentes señalan el origen anarquista).
En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. En caso de no obtener respuesta a este reclamo, se iría a una huelga.
Esta resolución despertó el interés de todas las organizaciones, que veían que la jornada de ocho horas posibilitaría obtener mayor cantidad de puestos de trabajo (menos desocupación). Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la combatibilidad de los trabajadores en general.
En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Al poco tiempo, 19 estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de 8 y 10 horas (aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre 14 y 18 horas). Las condiciones de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables.
Como la Ley Ingersoll no se cumplió, las organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. se movilizaron.

La convocatoria de huelga

La "Noble Orden de los Caballeros del Trabajo" (la principal organización de trabajadores en EE.UU.) remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: «Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto». Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.
La prensa calificaba el movimiento en demanda de las ocho horas de trabajo como «indignante e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestando que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».
El día anterior a la huelga, el 29 de abril de 1886, se podía leer: «Además de las ocho horas, los trabajadores van a exigir todo lo que puedan sugerir los más locos anarco-socialistas». El New York Times decía: «Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo». El Filadelfia Telegram decía: «El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas». El Indianápolis Journal decía: «Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento».

• Música:

Miliciano Anónimo – Los Muertos de Cristo (A las barricadas)
Naval Xixón – Ska-p (Planeta Escoria)

2do bloque

La huelga

El 1° de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga.
En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de esquiroles (reemplazante). El día 2 la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.
El redactor del Arbeiter Zeitung, Fischer corrió a su periódico donde redactaría una proclama.La proclama decía:

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.”

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como Revuelta de Haymarket.

La revuelta de Haymarket

Se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20.000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud matando e hiriendo a un número desconocido de obreros.
Se declaró el estado de sitio y el toque de queda deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía.
Estos hechos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como: “Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!”
La Prensa reclamaba un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero.
El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, que luego quedaron en 8. Las irregularidades en juicio fueron muchas violándose todas las normas procesales de forma y de fondo, tanto que ha llegado a ser calificado de juicio farsa.

Juicio

Tras un proceso plagado de irregularidades, fueron detenidos los anarquistas Adolph Fisher, Augusto Spies, Albert Parsons, George Engel, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Los cuatro primeros fueron ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Lingg prefirió suicidarse con una bomba que él mismo había preparado en la cárcel antes de padecer la “justicia del sistema”. Miguel Schwab y Samuel Fielden fueron condenados a prisión perpetua y Oscar Neebe a 15 años de cárcel. Miguel Schawb dijo al escuchar su condena que reconocía en aquel tribunal ninguna autoridad y que su lucha y la de sus compañeros era de una justicia tan evidente que no había nada que demostrar y que ellos luchaban por las 8 horas de trabajo pero que: “Cuatro horas de trabajo por día serían suficientes para producir todo lo necesario para una vida confortable, con arreglo a las estadísticas. Sobraría, pues, tiempo para dedicarse a las ciencias y al arte". Porque, claro, las ciencias y el arte deben ser para todos.
José Martí, intelectual y héroe de la Independencia Cubana, como corresponsal del diario La Nación, escribió en su crónica de las ejecuciones:

“...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...”

A todas luces, el juicio fue un linchamiento legal. Primero, juzgaron a todos los acusados en un juicio conjunto, aunque era un grupo muy diverso, con ideas políticas de diferentes tendencias, que jugaron papeles muy distintos en los hechos de mayo.
Segundo, la manipulación del jurado fue frontal. El proceso normal de escoger a los jurados por sorteo se descartó de plano; en su lugar se nombró un alguacil especial. Este se jactó: "Estoy manejando este proceso y sé qué debo hacer. Estos tipos van a colgar de una horca con plena seguridad".


Consecuencias de la jornada laboral de ocho horas

A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: «Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical».
Siete años más tarde el Gobernador de Illinois, declaró la inocencia de los ocho trabajadores y liberó a los tres sobrevivientes. Se levantó un monumento para depositar los restos de los ejecutados y honrar su memoria.

• Música:

Aijó – Los Porretas con Fernando de Reincidentes (En directo)
Acoso Sexual – Mamá Ladilla (Power de mí)


3er bloque

El 1ero de Mayo en Argentina

La clase obrera argentina tiene una larga historia de luchas y mártires, que se expresó a principios del siglo XX en cada 1º de Mayo.
El reclamo por las ocho horas de trabajo fue llevado como reclamo a la Plaza Lorea a principios del siglo.
En nuestro país, el 1ero de Mayo de 1890, tres mil obreros, en su gran mayoría inmigrantes, se reunieron en el Prado Español. También hubo manifestaciones en Bahía Blanca, Rosario y Chivilcoy.
La clase obrera argentina daba sus primeros pasos. A la formación de sindicatos, le siguieron las organizaciones anarquistas y socialistas, periódicos obreros y bibliotecas, llevadas adelante por obreros pobrísimos, desgajados de su medio de origen, que en muchos casos ni siquiera hablaban castellano y vivían condiciones de explotación inhumanas, apoyados apenas por un puñado de jóvenes intelectuales que también hacían sus primeras lecturas, a veces confusas y balbuceantes, de los teóricos del marxismo y del anarquismo.
La respuesta del Estado fue la represión. En 1904 dictó la tristemente célebre “Ley de Residencia”, que autorizaba a expulsar sumariamente del país a todo “agitador”. Las huelgas eran ferozmente reprimidas. Pero un capítulo particular fue la feroz saña con que se reprimió el esfuerzo constante y heroico de conmemorar, cada año, el 1º de mayo como Día Internacional de los Trabajadores. Un hecho gravísimo ocurrió en 1904, cuando una inmensa manifestación convocada ese día por la FORA (Federación Obrera de la Región Argentina) fue ferozmente atacada con el saldo de dos muertos y 24 heridos. En 1905, cuando el acto había sido corrido al 21 de mayo, debido al estado de sitio, una manifestación autorizada por la policía “con la condición de que no se enarbolara ninguna bandera roja”, también fue reprimida y hubo otros dos muertos y 20 heridos.

El 1º de Mayo de 1909

Ese día estaban convocados dos actos. A las cinco de la tarde debía comenzar la concentración organizada por los anarquistas en Plaza Lorea (hoy parte de Plaza Congreso). Poco antes de que empiecen a hablar los oradores, el Jefe de Policía en persona, Coronel Ramón L. Falcón, dio la orden de disolver el acto. El escuadrón de seguridad, a las órdenes de su jefe Jolly Medrano, ataca a caballo a la multitud, a sablazos y tiros de revólver. Matan a ocho obreros y hieren a 40, varios de ellos de gravedad. Algunos miles huyen corriendo por lo que hoy es la Avenida de Mayo hacia 9 de Julio. Ahí se encuentran con una columna de aproximadamente 20.000 personas: era la convocatoria socialista, que se había concentrado en Constitución y marchaba hacia Plaza Colón (atrás de la Casa de Gobierno) para realizar su acto. La noticia de la represión corrió de boca en boca. Una multitud, ahora enorme, engrosada por los anarquistas que llegaban de Plaza Lorea, marchó en absoluto silencio hasta Plaza Colón, con paños negros sobre las banderas rojas socialistas.
La policía reforzó sus batallones de caballería pero, ante semejante multitud, no se atrevió a actuar. Al llegar al lugar donde estaban levantadas las tribunas de lo que iba a ser el acto socialista, los oradores proponen “la declaración de la huelga general por tiempo indefinido como desagravio a la clase obrera, ofendida en las víctimas de Plaza Lorea y para exigir la renuncia del jefe de policía y el castigo de todos los responsables de la masacre”. Se alzan decenas de miles de manos y la propuesta es aprobada por aclamación. Dardo Cúneo, testigo de los sucesos, relata: “entre los que han llegado hasta los socialistas desde la Plaza Lorea con las noticias del crimen policial, un muchacho pugna por abrirse paso... en la mano aprisiona un pañuelo ensangrentado. Esta es la sangre de los hermanos que cayeron allá. va diciendo en su dicción extranjera… en la mano agitaba el pañuelo ensangrentado. Después se sabría -los diarios publicarían su retrato- que aquel muchacho se llamaba Simón Radowitzky”
La huelga general de la semana de mayo

El paro comienza de inmediato. Será total en la Capital Federal y con alta adhesión en el interior del país. Se cumple una semana de huelga general. No hay trenes, no circulan los tranvías, los comercios permanecen cerrados. Se calcula en 200.000 el número de obreros en huelga. El gobierno busca quebrarla con la represión. La ciudad es ocupada por el ejército para reforzar a una policía desbordada. Para evitar las asambleas son clausurados los locales obreros pero las reuniones se realizan igual, en la calle. Cientos de militantes gremiales y políticos, anarquistas y socialistas, son encarcelados. Se persigue a los que distribuyen La Vanguardia y La Protesta, diarios socialista y anarquista, respectivamente, que dan cuenta de la huelga. Finalmente, el día 8, el Comité Ejecutivo del Partido Socialista, que durante toda la semana había hecho llamamientos a “la moderación de los obreros” pero que se había encontrado totalmente desbordado por la base, retoma el control de la situación. Se reúne con el gobierno y obtiene del presidente del Senado la garantía de que una reunión en el sindicato de cocheros va a ser “autorizada”. Y que si se levanta la huelga se liberará a los presos y se permitirá la reapertura de los locales. Las direcciones del movimiento obrero aceptaron la “negociación” ofrecida por el gobierno. El movimiento huelguístico va a terminar dos días después, el 10 de mayo. Muchos obreros retoman el trabajo con fuertes rencores hacia sus direcciones. Se había levantado la huelga sin obtener la principal reivindicación: la renuncia del jefe de policía.

Seis meses después…


El 14 de noviembre de 1909, aquel joven obrero anarquista, Simón Radowitzky, hace justicia por mano propia, arrojándole una bomba al carruaje del jefe de policía Falcón, que muere en el acto. Esa misma noche se decreta el estado de sitio en todo el país, desatándose nuevamente una brutal represión contra el movimiento obrero. Centenares de militantes fueron puestos “bajo la ley de residencia” y deportados sin siquiera avisárseles a sus familias. Otros tantos fueron encarcelados y apaleados, los locales obreros fueron nuevamente clausurados y bandas policiales atacaron las imprentas de La Vanguardia y La Protesta e inutilizaron las máquinas impresoras, para impedir la salida de esos periódicos. Simón Radowitzky es apresado y condenado a cadena perpetua en el penal de Ushuaia (será indultado en 1929). El estado de sitio recién fue levantado el 13 de enero de 1910. Pero el año del Centenario estará recorrido por una ola impresionante de huelgas obreras, incluyendo una el mismísimo día de la conmemoración, el 25 de mayo de 1910, y también por una fuerte ola represiva, que culminó con la sanción de la ley 7029 de “Defensa Social”, la pieza jurídica más antiobrera de la historia argentina.

Un siglo de luchas

Se cumplieron cien años de la masacre de Plaza Lorea. A partir de 1909 la clase obrera tendrá nuevas luchas, triunfos y derrotas. Y más mártires. Poco tiempo después se vivirán las jornadas de la Semana Trágica y de la Patagonia Rebelde. Décadas más adelante vendrán las víctimas de la llamada Revolución Libertadora, como los fusilamientos de José León Suárez magistralmente denunciados por Rodolfo Walsh. Y después las víctimas de las Tres A de Isabel y López Rega, y los 30.000 desaparecidos. Aún más cerca en el tiempo, los muertos del Argentinazo, Puente Pueyrredón, Fuentealba, la segunda desaparición de Julio López. La lista es enorme. Es parte de la historia de la clase trabajadora argentina.
Peronismo

El 1º de mayo en la Argentina se transformó radicalmente. El carácter combativo de esta jornada mundial, aclamada por el anarquismo y el socialismo a principios del siglo XX, se convertía con el peronismo en una fiesta obrera en la que los trabajadores agradecían la “dignidad” dada por Perón a través de la justicia social.
En un discurso que pronunciara Perón el 1° de mayo de 1947, en el acto celebrado en Plaza de Mayo, entre otros conceptos expresó: “Este 1° de Mayo, el primero desde que me encuentro en el gobierno, lo festejamos como una fiesta incorporada a las grandes efemérides de nuestra patria; lo festejamos como el advenimiento de una nueva era para esta patria tan amada, por la que trabajamos sin descanso, día y noche, si es preciso. ¡Pasan por mi memoria tantos 1° de Mayo! Desde 1910, siendo estudiante, he presenciado los 1° de Mayo más trágicos de toda la historia del trabajo argentino. Los veo resurgir en 1916; 1917 y 1918, y los veo también mucho después, cuando las masas argentinas llegaban a esta plaza para clamar justicia, desilusionadas por su destino ingrato. Justicia que nunca obtenían, que nunca los alcanzaba.”
Escribe Eva Perón en la “Razón de mi vida”: “En vez de gritos con los puños crispados frente a las puertas de la Casa de Gobierno, el Pueblo trabajador argentino celebra ahora cada 1° de Mayo en una fiesta…”
Por eso el 1º de Mayo, al que muchos quieren endulzar en una idílica “Fiesta del Trabajo”, tiene que ser una jornada de reflexión.


  • Música:
Cosas que pasan - Jose Larralde -
Chamarrita de una bailanta - Alfredo zitarrosa -
No lo conoce a Juan -Los Olimareños-

4to y último bloque

Conclusión

Los 8 compañeros asesinados por el estado, no murieron por las 8 horas de esclavitud asalariada, sino por luchar por la finalidad anárquica, por la revolución social.
Los recordamos con el fuego enérgico de la rebelión; con el pensamiento y la agitación anarquista constante,
¡¡El trabajo no dignifica!! Modifica y acorta nuestras vidas; buscar la libertad en el trabajo es como esperar un beso de la boca de un cañón o una fruta de la vaina de una espada. La libertad solo la conseguiremos a través de la acción anárquica, potente y feroz, salvaje y tierna, contra todo lo que nos convierte en esclavos, es nuestra lucha.
Por los compañeros asesinados en Chicago, por todos nuestros muertos, que no se derrame ninguna lagrima de dolor, sino de pura venganza.
El 1ro de Mayo, recordamos a los compañeros con todo nuestro amor, pero no nos estancamos solo en hablar y hacer del recuerdo la manera de luchar. Continuamos atentos, inclaudicables y rabiosos.
No es una fecha donde lloramos a nuestros mártires muertos, sino que reafirmamos nuestra voluntad de continuar el combate. Ni fiesta ni duelo ni feriado ¡día universal de lucha! Por la revolución social! Por la anarquía!

"Que locura es el amor al trabajo! Que gran habilidad escénica la del capital, que ha sabido hacer que el explotado ame la explotación, el ahorcado la cuerda y el esclavo las cadenas."


•Música:
Worker Killer - Kaos Urbano-
Autoorganización – Oi the Arrase-

Para bajar el programa en formato pdf click AQUÍ

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